Andaba llena de tristeza, con la boca llena de palabras y los ojos secos de llanto. Respiraba por la nariz por miedo a desbordarse. Había buscado por días alguien con quien hablar.
Se encontró a un amigo en la calle, éste le preguntó de lejos cómo estaba, ella sonrió sin enseñar los dientes y levantó un pulgar.
Siguió su camino hasta el centro de la plaza, se subió al kiosco y miró a su alrededor, luego subió al punto más alto del kiosco y fue entonces que todos la miraron, viendo que tenía la atención de todos, abrió la boca, salieron lentamente una, dos palabras, luego, un par de frases y se detuvo. Decepcionada pensó que había esperado mucho para no hablar casi nada, luego llegó, como agua las palabras empezaron a salir de sus labios, la gente se hacía de lado para dejar pasar sus frases sobre ella, luego sobre la plaza, sobre la ciudad, sobre ellos, siguieron así brotando las palabras por tres dias, gente vino de todas partes para verla, pues el fenómeno nunca se había documentado.
Al cuarto día la voz se hizo más fuerte y al sexto día su voz se escuchaba a dos cuadras de distancia. cercaron el lugar y esperaron a que la mujer se cansara de escupir palabras... al séptimo día se hizo el silencio. Alarmados los policías rompieron el bloque y encontraron a la mujer sepultada en sus propias palabras.
