ballaire
Viéndolo bien, Mina, lo tuyo fue un acto de libertad.
...como cuando Harrison Bergeron llegó al estudio y se quitó las bolsas impedidoras, se quitó la nariz de hule y los audífonos que cada cierto tiempo le impedían pensar de más. Como cuando preguntó quién quería ser la emperatriz, y empezó a volar.
Dicen que a las pulgas les ponían un techo y no podían pasar de allí, que luego les quitaban el techo y ellas seguían brincando hasta la misma altura.
Dicen que nadie nos pone barreras, sino nuestro miedo a estar solos, que por eso a veces no decimos lo que pensamos, o no hacemos lo que queremos, por miedo a estar solos.
Si dejamos de repetir que el cubito amarillo huele a pollo, sabe a pollo y es de pollo y escribimos nuestra propia palabra... si hablamos, sin disculparnos, con nuestra voz, aunque sea cálida, luminosa y atemporal, o aunque sea de otra manera, realizamos nuestro propio acto de libertad.
Habría que olvidar el miedo, porque a veces, en la libertad también se tiene compañía.
Para los amantes de la libertad y del aire (no mis amantes... claro, porque no tengo) un cuentote....
http://instruct.westvalley.edu/lafave/hb.html

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